De los “viejos” de aserrín, a los monigotes de papel y pintura MACHALA 76 AÑOS DE FESTIVA TRADICION Por Alberto Chávez Cruz

Ahora esta remodelada lo que fue "La Casa del Pueblo" de propiedad de Don Bolívar Jara (+), en las calles Juan Montalvo entre 25 de Junio y Sucre. Allí los machaleños de antaño vivieron momentos inolvidables durante las fiestas de fin de año.

Ahora esta remodelada lo que fue “La Casa del Pueblo” de propiedad de Don Bolívar Jara (+), en las calles Juan Montalvo entre 25 de Junio y Sucre. Allí los machaleños de antaño vivieron momentos inolvidables durante las fiestas de fin de año.

El comerciante Don Bolívar Jara (+) propietario de la Casa del Pueblo, inmueble que permanece  ubicada en la intersección de la calle Juan Montalvo entre 25 de Junio y  Sucre, realizó la primera exposición pública y festiva de los “viejos” elaborados con madera, aserrín y ropa para dar vida, alegría a los machaleños en  los tradicionales últimos días de diciembre de cada año.

 

Los que ahora se denominan monigotes, hace casi 76 años tenían nombre propio: “los viejos”, que según cuentan los adultos que aún viven, desde 1940 se los  confeccionaban con madera, ropa vieja llenada con aserrín que eran colocados en puertas o ventanas de las contadas casas de Machala y en Puerto Bolívar y que a las doce de la noche del 31 de diciembre, las familias los quemaban rociándolos con un combustible llamado  kerek  para luego alzar vasos con champagne, y gritar ¡ Adiós año viejo, viva el año nuevo!, compartir el abrazo familiar expresando buenos deseos y cenar con aguado o seco de gallina criolla.

 

LUEGO

La ciudad de Las Palmeras, en 1941 sufrió la invasión militar de la república del Perú, y las pocas familias que se quedaron vivieron en medio de la pobreza, no tenían en que trabajar, existió hambre, pero a partir de 1942 la gente que huyó, regresó poco a poco; la ciudad comenzó a tomar su ritmo normal, pero celebrar la despedida del año no fue festivo porque no había dinero.

 

El año de 1944, Machala empezó a levantarse en población y actividad; en los bajos de la ex residencia de la doctora Matilde Hidalgo de Procel, donde ahora se levanta el almacén de venta de calzado “Payless Shoes”, funcionó la peluquería del maestro “Ruíz”, físicamente identificado por su larga nariz, que en la parte final de la misma descansaban sus viejos anteojos quien fue el primer artesano que colocó en la puerta principal del establecimiento un “año viejo” con careta y adornándolo con una mesa, silla, una botella de licor y dos vasos, arreglo que llamaba la atención de los machaleños que paseaban por el lugar durante los tres últimos días de diciembre.

 

TRADICION

Esta novedosa forma de despedir el fin de año fue tomando el carácter de tradición. En 1950, Felipe Batallas, que trabajaba en la Empresa de Ferrocarriles de El Oro (hoy solar vacío, sirve de garaje, ubicado en la esquina de las calles Bolívar y Juan Montalvo) también comenzó a elaborar “el año viejo”, usando pantalón y camisa usada, rellenarlo de aserrín de madera, le colocaba 2 ramas de palmeras a los costados, sentado en una silla vieja de madera y colocarle en la boca un cigarrillo y al frente una mesa con una botella llena de aguardiente. Esto causaba asombro y alegría a los pasajeros que ocupaban los trenes.

En ese mismo año, también lo hicieron los señores Próspero Parrales, en un solar donde ahora funciona Ferretería Salgado, él mataba cerdos, vendía salchicha y caldo de tubo. El sastre de apellido “Arévalo” que tenía su taller para atender al público, en la esquina donde ahora se levanta el edificio central del Banco de Machala, también lucía su “año viejo”. El recordado “gringo” Parales, muy famoso por sus incoherentes cuentos y chistes, en la casa de la esquina Ayacucho y 25 de Junio (hoy almacén de venta de carros Autofron), tuvo una tienda en cuyo portal presentaba dos o tres muñecos adornados con palmas de coco y colocaba un tarro para que los visitantes dejen su monedita para la “viuda” del viejo.

 

LA FIESTA

Pero fue en 1958, cuando Don Bolívar Jara,  ciudadano de pequeña estatura, gordo,  tez blanca y de cachetes rojos que levantó un negocio en su casa de madera donde vendía desde un alfiler hasta el más sofisticado electrodoméstico de la época, a ese almacén le puso el nombre de “La Casa del Pueblo”, hasta ahora ubicada en la media cuadra de la calle Juan Montalvo, entre Sucre y 25 de Junio, quien se encargó de año a año realizar verdaderos festivales frente al almacén de su propiedad para despedir el fin de año.

 

El señor Jara, quiso dar alegría a la gente que lo estaba tratando bien. Presentaba al público los novedosos muñecos que alcanzaban casi los tres metros de altura que asustaban a la gente y los niños no se atrevían acercarse, se diría que la gente hasta sentía miedo por la estructura alta de los “años viejos”.

Cada año quería que su exposición tenga más alegría y por eso decidió  mandar a confeccionar los muñecos a la ciudad de Guayaquil, ordenaba que se los hagan grandes y  con caretas de políticos conocidos a quienes pedía permiso para hacerlos.

 

Esos muñecos caracterizaban al ex presidente José María Velasco Ibarra, su amigo cercano que durante las cinco presidencias de la república lo designaba  Comisario Nacional de Policía de Machala o Intendente General de Policía de El Oro; cuando el mandatario visitaba Machala, él lo recibía, atendía y acompañaba en los recorridos.

Otras veces sus muñecos caracterizaban a Don Asad Bucaram, ex presidente del H. Congreso Nacional, porque fue gran amigo de la familia Bucaram en especial de Don Jacobo a quien le compraba la mercadería para su almacén “La Casa del Pueblo”, pero mucho más amigo fue de Don Asad. En cierta ocasión habló con Don Buca, su amigo del alma, y le solicitó permiso para hacer un monigote parecido a él. Bucaram riéndose le respondió que sí y que no habría problema alguno, Don Asad le mandó un terno de él para que vista su monigote y así fue exhibido en Machala.

 

Cada fin de año mejoraba la presentación de los muñecos, recreó el ambiente con la instalación de una vitrola y un altoparlante que afloraba  alegre música por los cuatro vientos, invitando a compartir la fiesta de fin de año y la venida de uno nuevo.

 

Exhibirlos en gran número, armar una fiesta popular, realizar concursos para niños, quemar castillos, involucrarse en el perseguimiento de la tradicional vaca loca, escuchar la lectura del testamento mientras la viuda  lloraba inconsolablemente y quemarlos en el momento en que la iglesia matriz y el reloj del municipio sonaban las doce campanadas  se convirtió a partir de 1958 en el lugar de concentración de las familias machaleñas y porteñas.

 

LOS SIETE ENANITOS

Para mejorar e innovar la exposición de los “viejos” o grandes muñecos, el señor Jara, empezó, con el paso de los años, traer de Guayaquil unas enormes cabezas de los Siete Enanitos de Blanca Nieves que se colocaban los jóvenes que por un buen dinero se colocaban los disfraces dando vida a los personajes, eso dio más confianza a la gente para que se acercaran. También contrataba a la retreta o banda de músicos que había en esa época en la ciudad, es decir las fiestas de fin de año eran muy sonadas y mucha gente venía de otros cantones.

.

FESTIVALES

El éxito festivo totalmente gratuito que ofreció Bolívar Jara, a los machaleños fue copiado luego por dirigentes de la Confederación Obrera de Machala, que también comenzó en 1960 a confeccionar sus propios muñecos y añadir los bailables de fin de año en la pista de la institución.

Y comercialmente, para 1965 aparece el T. Kaybara, primer salón social de baile donde la sociedad se congregaba para festejar con orquestas traídas de Guayaquil, el baile de Fin de Año.

En Puerto Bolívar, luego de 1970 la tradición comenzó a tomar más cuerpo festivo en dos sectores, el uno en la pista del Yath Club, que estuvo ubicado en el malecón de Puerto Bolívar “Alférez Víctor Naranjo Fiallos”, sitio de reunión de los personajes, políticos y de las familias pudientes de la época; el segundo se realizaba frente a las calles lodosos del Sindicato Único de Trabajadores en Embarques de Frutas (Sutef) donde las familias se divertían con la exposición de los “años viejos” y la molestosa presencia de las “viudas”.

 

Antes de 1980 la tradicional exposición y quema de “viejos” frente a  la “Casa del Pueblo”  dejó de realizarse porque este evento fue copiado por artesanos machaleños que decidieron  elaborar estos muñecos para comercializarlos y fue la familia del carpintero Alonso que en el barrio Nueve de Mayo quienes empezaron a confeccionar muñecos con ropa vieja, aserrín, la cabeza era confeccionada con una media de nylon  muy utilizada por las mujeres, luego en una cartulina le pintaba ojos, boca, nariz y cabello, las manos se copiaba igual que las de un ser humano y se hacían con pedazos de cartón o cartulina.

 

En Puerto Bolívar el profesor Fernando Guijarro ideó y presentó los años viejos vivientes, o sea personas disfrazadas que semejaban los muñecos que se movían deleitando a quienes pudieron admirarlo en su residencia ubicada a lado del Cuerpo de Bomberos

 

MODERNOS

Han pasado 76 años y hoy el viejo muñeco de madera, ropa vieja y aserrín nadie lo confecciona, pues el almidón, papel y la pintura opacaron una tradición manual que convertía a las familias en verdaderos artesanos. Ahora ha sido reemplazado por el “monigote” de cartón, papel, goma y pintura y sobre todo muchos explosivos para hacer ruidoso la quema del año viejo, tratando de sintetizar el fin de 365 días de frustraciones o éxitos y dar paso a los deseos de bienestar y mejores días en el próximo año.

Además se realizan concursos donde el ingenio y la creación se plasman con ironía en materiales fáciles de cortar y pegar.

Esta es una parte de la historia que he vivido como niño, joven y adulto en mi ciudad de Machala, marcada por las diferencias de conductas que se impusieron en varias generaciones.

Deja un comentario